ACTO III - CAPÍTULO 10

UN NUEVO RENACIMIENTO

17 de febrero de 2021

Cuando Ricardo leyó la novela después de su publicación, todavía no tenía noticias de ellos. Había completado su gran tetraedro. Era como el original, pero mucho más grande y pesado. Había sido cortado y pulido con máquinas especiales. Los conceptos axiomáticos de existencia, identidad y consciencia, más sus corolarios, estaban inscritos en cada arista. Estaba asegurado con cuerdas en la proa.

Usando dos barras de aluminio apoyadas en el borde del velero, un arnés de acero, poleas y cuerdas, había creado un sistema de palancas para subirlo o bajarlo hasta el fondo del mar.

Decidió llevar el tetraedro original y la pelota de las reuniones filosóficas.

Aunque aún podrían estar vivos, y él había decidido que estaban muertos, empezaba a aceptar que estaba solo. El dolor permanecía y había dejado una marca que no desaparecería.

Embarcaría en cinco días, tiempo suficiente para llegar a la isla secreta antes del 21 de junio. Sabía que el viaje en sí marcaba el inicio de su transformación.

Antes de embarcar, Ricardo dejó volar su imaginación. ¿Qué pasaría con el movimiento?

El final cincuenta-cincuenta provocaría historias falsas y teorías conspirativas. Algunos podrían afirmar un encuentro secreto en la isla.

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Se imaginó a un nuevo hacker ético ayudando esporádicamente, otra “Mano Invisible” como habían apodado a Ronald. Lo reemplazaría si estaba muerto, o se uniría a él si estaba vivo. Las leyendas crecerían.

Se imaginó a las Águilas Líderes emulando a Ricardo. Hacían diferentes tipos de procesiones funerarias. Algunos colocaban sus tetraedros en el mar, otros en las montañas.

Se imaginó a algunos de ellos con joyas de tetraedro: colgantes, anillos, pendientes, pulseras. Otros optaban por tatuajes. Todos sabían que lo importante era su significado.

Se imaginó al Águila Líder que grabó los primeros segundos de la reunión navideña, afirmando que su grabación demostraba que solo él había sido iniciado. Se proclamaría verdadero sucesor de Ronald, dando discursos a miles en estadios, apareciendo en televisión, persiguiendo dinero y estatus social en lugar de la verdadera autoestima. La Familia te matará, pensó Ricardo.

Ricardo creía que La Familia — y otros como ellos — no podían eliminar a todos los llamados Águilas Líderes. Eran demasiados, demasiado dispersos, demasiado locales, y cada club del juego, demasiado pequeños.

Previó otros peligros, pero también buenos resultados.

Sospechaba que los hijos de Flavio Gambino, y otros miembros de La Familia, usarían secretamente las herramientas, tomarían el juramento y colocarían tetraedros en el fondo del mar. Sabían que su autoestima era falsa y no podían resistirse a explorar la verdadera.

Vio el movimiento extendiéndose por barrios, escuelas, clubes deportivos y universidades.

Se preguntó si podría provocar un Nuevo Renacimiento en el arte. Visualizó obras bellas, nunca antes vistas. Imaginó el precio del certificado del plátano pegado en la pared — llamado “arte” —, bajando de seis millones de dólares a cero. El arte honraría a Miguel Ángel y a Leonardo da Vinci. Estaría enraizado en el folclore y la cultura local. Imaginó a un arte ni globalista, ni woke, ni irracional, sino basado en la belleza del orden absoluto de la naturaleza.

Se imaginó a Confucio fusionándose con la ciencia y la epistemología objetiva.

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Planes comunistas a largo plazo, guiados por estrategia y votados por el pueblo, definían áreas de crecimiento, mientras el libre mercado manejaba el resto, como demostraba China.

La clave para un mundo mejor era pensar con conceptos claros. Los pensadores avanzados comprendían que los conceptos eran el álgebra de la cognición. Los nuevos intelectuales entendían que la esencia de los conceptos era epistemológica, no metafísica.

Ricardo imaginó mejores instituciones globales y diplomacia racional. El desarme nuclear total era un hecho. Una nueva ONU detenía genocidios antes de comenzar. Un nuevo sistema financiero estaba respaldado por oro metálico. El comercio internacional no enfrentaba sanciones económicas. Las Águilas Líderes voluntarias trabajaban en silencio a través de diferentes industrias y regiones.

Se imaginó nuevos partidos políticos fundados por Águilas Líderes. Las mentalidades coloniales e imperiales retrocedieron. El poder de la tierra volvía; el poder marítimo y la piratería desaparecían.

Se preguntó si los místicos y los dioses podrían ser reemplazados por un nuevo Dios objetivo. La humanidad estaba preparada. Un Dios Matemático Inductivo, de naturaleza epistemológica, mejoraría las antiguas versiones. Dios como una entidad sobrenatural, había sido la etapa infantil en la evolución de la especie humana. El Dios epistemológico, era el siguiente paso, e iluminaría a los libros sagrados. Solo aquellos que tuvieran ojos para ver podrían ver.

Se imaginó esculturas del tetraedro metafísico en hogares, oficinas, plazas y parques. Los abuelos explicaban su significado a sus nietos. Los padres jugaban al juego con los niños en casa.

Visualizó un tetraedro tan alto como un árbol sobre una montaña en una noche clara. La gente se sentaba a su alrededor, inmóvil y en silencio, mirando las estrellas reflejadas en él. Sonreían, conectando su conciencia con la música del universo: Existencia. Identidad. Consciencia. Primacía de la existencia sobre la consciencia. Causalidad. Las cosas naturales son dadas y absolutas. Noches de vigilia revelaban el significado del tetraedro, recableando las neuronas de sus cerebros.

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Vio a personas en el hemisferio sur celebrando la Navidad el 24 de junio, tres días después del solsticio de invierno. Las tradiciones se sincronizaron con la naturaleza. Los pinos fueron reemplazados por tetraedros.

Se imaginó al movimiento cambiando la cultura en todas partes, para mejor. Marcaría el fin del Homo sapiens y el inicio del Homo epistemologicus.

El mundo mejoró cuando los padres y madres comprendieron que era mejor perseguir verdadera autoestima a estatus social. Las personas y los países descubrieron la verdadera felicidad y se liberaron de la codicia irracional.

Pero cuando Ricardo veía las noticias, perdía las esperanzas, aunque seguiría luchando por un mundo mejor. El hombre: el animal racional, con más del 99 por ciento de ADN de chimpancé, aun no creaba una cultura que potenciara al neocortex. Era necesario para que llevara las riendas del paleocórtex, especialmente en una era nuclear.

Aun en su estado infantil, lo más probable era que la humanidad se autodestruiría en un Armagedón nuclear. Si eso ocurre, pensó, nuestras herramientas ayudarán a construir un mundo racional.

Las herramientas estaban allí, pero usarlas o no, enfocar la mente o no, era, como siempre, una decisión personal.

FIN ACTO III

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Una Mente Excepcional, por Charles Kocian. Copyright 2025. Todos los derechos reservados.

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