Alexandre apenas escuchaba. Se concentraba en los sollozos de su madre y en el horizonte de Barcelona. Recordó la última llamada de Ronald, el día antes del accidente. Si me pasa algo, cumple tu promesa de terminar el libro. Luego añadió: Ten cuidado con lo que se lee igual en ambos sentidos. No tuvo tiempo para preguntas. Al día siguiente, Ronald envió un mensaje codificado:
dpejhp-fo-qfoesjwf
Alexandre nunca imaginó que ese mensaje sería lo último que escucharía de su amigo.
Recordó cuando aprendieron a hackear por diversión. Competían para mejorar. Se hicieron hábiles. Corrían a encontrar fallos en sistemas institucionales. Se sentaban lado a lado frente a computadoras y enviaban soluciones a los webmasters bajo el nombre “Los ángeles”.
Descubrieron que podían acceder a la infraestructura de la ciudad. Podían cortar redes eléctricas y desviar trenes y aviones, pero nunca lo hicieron. Nunca causaron daños.
La última competencia fue el banco central de Japón. Ronald encontró dos errores y envió las soluciones en media hora. Alexandre quedó impresionado por su velocidad y habilidad.
¿Scotland Yard te está entrenando? recordó haberle preguntado.
La CIA respondió Ronald, continuando la broma.
Eran mentes curiosas persiguiendo desafíos difíciles. Hackear era complicado, pero la filosofía resultó más difícil aún. Comenzaron a estudiarla. Leían muchos libros e inventaban metáforas futbolísticas para simplificar ideas complejas.
Entender la filosofía a través del fútbol parece una broma, pero entre broma y broma la verdad se asoma, Alexandre recordó. Una vez había dicho, Además de jugar bien con los pies, debemos aprender a jugar bien con la cabeza.
Se enamoraron del pensamiento griego antiguo. Platón y Aristóteles parecían sostener ideas opuestas e irreconciliables. Valoraban tanto la Ley de Identidad que cada uno se hizo una medalla de oro grabada con: A es A. Pero cuanto más leían, más contradicciones aparecían. Lo que empezó como diversión se volvió desesperación. Se sentían atrapados en un pantano de arenas movedizas. Cada solución hacía surgir dos problemas nuevos. Permanecieron estancados durante mucho tiempo.
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