—No voy a parar hasta descubrir quién está detrás de esto —dijo Boris—. ¿Llevas las cosas que te di?
—Sí. ¿Por qué querías verme? —preguntó Alexandre.
—Creo que el pendrive contiene el código de una operación militar planeada hace años para un ataque tipo 11-S.
—Eso ya lo sabemos. ¿Qué hay de nuevo?
—Creo que será durante el Mundial en Rusia —dijo Boris.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Desde el ataque extremista en Londres, el gobierno ruso aseguró a la Organización Global de Fútbol, la GFO, que tomaría todas las medidas de seguridad para el próximo Mundial. Pero la GFO no ve la necesidad. Dicen que tales medidas arruinarían el evento económicamente.
—¿Confías en la GFO? —preguntó Alexandre.
—Tanto como en la Organización Global de Salud. La corrupción no tiene fronteras. Creo que esto está ligado al caso GFO-Gate.
—¿Te refieres al escándalo de hace años?
—Sí. Cuando las autoridades suizas allanaron el hotel en Zúrich tras años de investigación. Encontraron los sobornos detrás de los derechos de transmisión en EE. UU. y Latinoamérica. La GFO también compró votos para elegir sedes del Mundial. Sospecho que la elección de Rusia fue amañada. Parte de un plan mayor. Ojalá me equivoque.
—No te sigo.
—Cuando el presidente de la GFO renunció, pensé que solo se trataba de corrupción en el fútbol. Ahora creo que el caso GFO-Gate fue una cortina de humo. El objetivo era reemplazar la dirigencia por gente necesaria para ejecutar un gran atentado en el Mundial.
—¿Un ataque como el de Londres?
—Peor. Varias bombas podrían explotar simultáneamente en distintos estadios y ciudades mientras los partidos se transmiten en vivo. Imagina el impacto psicológico.
—Sería terrible, pero ¿es peor que el 11-S?
—Sabes que estudio la historia.
—Sí.
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