En el gran comedor, se reunió con Arturo y Ricardo. Después del almuerzo, despejaron la mesa y prepararon el escenario. Como siempre: la foto de Ronald y el balón. A su lado, el tetraedro metafísico, en granito negro, pulido como un espejo. En el centro, el vodka y los vasos. Alexandre encendió la grabadora.
—Hoy me toca abrir la carta de Ronald —dijo Ricardo—.
Tomó el cuchillo de carnicero y abrió el sobre.
—QUERIDAS ÁGUILAS:
HABLA RONALD.
ESTA REUNIÓN ES PARA ABRIR UN DEBATE.
HOY, ENFOQUÉNSE EN LO QUE SE GANA CON LA ÉTICA RACIONAL.
LA CITA. ¿QUIÉN DIJO? EL PROPÓSITO DE LA MORALIDAD NO ES ENSEÑARTE A SUFRIR Y MORIR, SINO A DISFRUTAR Y VIVIR
A) JOHN LOCKE
B) AYN RAND
—¡Oh, no! No estoy seguro, pero mi intuición dice John Locke —dijo Arturo.
—Yo tampoco estoy seguro, pero elegiré a Ayn Rand —añadió Ricardo.
—A mí también me suena a Ayn Rand —dijo Alexandre, completando el veredicto.
—¡Maldita sea! ¡Perdí otra onza de oro! —exclamó Arturo, revisando su teléfono.
—Sí, la perdiste —rió Alexandre—. Lo dijo Ayn Rand. Ahora tienes que pagarnos.
—¿De qué te ríes? —protestó Arturo mientras hacía la transferencia. Cuando terminó, dijo—. ¿Puedes dejar de reírte y leer el chiste?
—Está bien. Aquí está el chiste —dijo Alexandre, pero no pudo leer; se estaba riendo demasiado.
—¡Vamos, Alexandre! ¡Léelo!
—EL CHISTE: ¿CUÁL ES LA REGLA DE ORO DE LOS BANCOS CENTRALES, POLÍTICOS Y COBRADORES DE IMPUESTOS? TOMAR TODO LO POSIBLE Y DECIR QUE ES PARA EL PUEBLO.
Todos se rieron, sacudiendo la cabeza con vergüenza ajena.
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