Aquella Navidad, en vez de un pino, Ronald colocó en el salón un tetraedro transparente de tres metros de altura. En cada una de sus aristas escribió los tres conceptos axioma y sus corolarios. Para la vista, era una hermosa escultura de navidad; para la mente, una poderosa herramienta de filosofía objetiva. Honraba al sol, que sostiene la vida, y a la razón, que sostiene la autoestima. En el interior del tetraedro, había regalos de Navidad. Desde lo alto, una luz proyectaba rayos láser de colores sobre el acrílico, creando patrones triangulares que nunca se repetían. Arriba, una estrella de ocho puntas simbolizaba la excelencia humana.
Las gemelitas, el pequeño Alexandre y el pequeño Ronald, corrían alrededor del tetraedro luminoso, ignorando su significado. Solo sabían que era hermoso y que contenía sus regalos.
En lugar de un pesebre tradicional, Francisca construyó uno diferente. Sobre un grueso bloque de acrílico azul que representaba el mar, tres botes rodeaban al niño Jesús. Tres delfines y la cola de una ballena emergían del agua. La cabeza del niño lucía una corona real dorada con la inscripción: “Yo soy la luz del mundo”. Representaba la luz de la razón de quien elige gobernar su propio cerebro.
Mientras tanto, en la casa de Flavio y Enzo Gambino en Nueva Zelanda, donde los gemelos habían encontrado a su padre muerto, ellos ya habían celebrado horas antes. Pero no honraban la vida, sino la muerte.
El 25 de diciembre, en el hemisferio sur, la luz del día comenzaba a disminuir rumbo al otoño. En el Norte, la luz del día comenzaba a aumentar camino a la primavera. El Norte celebraba la luz, la primavera y la vida. El Sur celebraba la oscuridad, el otoño y la muerte. La tradición chocaba con la realidad. La disonancia cognitiva era profunda.
—Me da risa que en el hemisferio sur celebren el solsticio de invierno en el solsticio de verano. ¡Qué falta de respeto hacia nuestros sentidos! ¡Qué insulto a nuestra inteligencia! —exclamó Francisca.
—Hasta las culturas agrícolas más primitivas sabían que el solsticio de invierno celebraba el inicio hacia de la primavera —dijo Alexandre.
—Cada hemisferio debería celebrar la Navidad en el solsticio correcto —añadió Victoria.
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